Publicado el 14 de marzo de 2025 · Lectura de 6 minutos · Diseño de interfaces
La mayoría de las consultas iniciales se pierden en detalles que el cliente todavía no tiene resueltos. No es un problema de interés: es que nadie llega con todo ordenado. Esta guía reúne lo que conviene tener a mano antes de la primera reunión, para que la conversación avance sobre decisiones y no sobre supuestos.
Antes de hablar de colores o tipografías, hace falta saber qué tiene que lograr el sitio. ¿Es captar consultas por formulario, mostrar un catálogo, ordenar la información de servicios o reemplazar una presencia que hoy vive solo en redes sociales? Cada uno de esos objetivos cambia la estructura, la jerarquía de contenido y hasta la cantidad de páginas necesarias.
Un objetivo escrito en una frase suele alcanzar. Si aparecen tres o cuatro, conviene priorizarlos: en la práctica, el primer entregable se diseña para uno solo.
Logotipo en algún formato editable, colores institucionales si están definidos, fotos propias del equipo o del local, y cualquier documento donde ya estén descritos los servicios. No hace falta que esté prolijo: sirve como punto de partida y evita inventar contenido desde cero.
Si el logotipo solo existe como captura de pantalla o dentro de una publicación antigua, decilo desde el inicio. Reconstruirlo tiene su propio tiempo y conviene saberlo antes de arrancar.
No es lo mismo escribir para un comprador mayorista que consulta desde el teléfono en un depósito, que para un cliente final que llega desde una búsqueda. Anotar dos o tres perfiles concretos ayuda a decidir el tono, la longitud de los textos y qué información poner primero.
Una lista simple, aunque sea aproximada: inicio, servicios, sobre el estudio, contacto. No tiene que ser definitiva. Sirve para dimensionar el trabajo y detectar si hay secciones que todavía no tienen contenido claro.
En pymes suele pasar que varias personas opinan pero ninguna aprueba. Acordar desde el inicio quién da el visto bueno final evita vueltas largas y cambios de rumbo a mitad del proyecto.
No es necesario llegar con un wireframe, ni con referencias de sitios que no tienen relación con el rubro, ni con una lista cerrada de funcionalidades. Eso se define en conjunto. Tampoco hace falta tener el hosting contratado ni el dominio elegido: son decisiones que se toman mejor con el alcance ya claro.
Con estos puntos sobre la mesa, la primera consulta deja de ser una presentación y se convierte en una conversación útil. Si querés ver cómo se traduce esto en un proyecto concreto, podés revisar los servicios o escribirnos por contacto para coordinar una reunión.
Seguir leyendo: Elegir un formato de servicio que realmente encaje
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